Cuando uno se sienta a la mesa en Prístino, rápidamente entiende que detrás de cada plato existe algo más que técnica y producto. Existe una historia.
Y esa historia comienza mucho antes de la apertura del restaurante.
Conversar con Claudio Úbeda es descubrir que su vínculo con la cocina chilena no fue algo inmediato. Por el contrario. Durante sus primeros años en gastronomía, reconoce que conocía muy poco del país más allá de Santiago. Su mirada culinaria estaba enfocada en otras cocinas y técnicas, hasta que la vida le presentó un nuevo camino.
Ese camino tuvo nombre y apellido: Paula Meléndez.

Originaria de la zona de San Fernando, Paula no solo se transformó en su compañera de vida, sino también en una puerta de entrada a los sabores, tradiciones y territorios de Chile.
Fue a través de esos viajes, primero por la zona central y luego por el sur del país, que Claudio comenzó a descubrir ingredientes, recetas, costumbres y formas de entender la cocina que terminarían cambiando para siempre su visión gastronómica.
Descubriendo Chile a través de la cocina
Los viajes se transformaron en aprendizaje.
Mercados, cocinerías, productores locales, recetas familiares y productos tradicionales comenzaron a formar parte de una nueva mirada que poco a poco fue despertando su interés por la cocina chilena.
Productos del mar, los ahumados, los aliños, las preparaciones campesinas y las tradiciones culinarias regionales comenzaron a ocupar un espacio cada vez más importante en su desarrollo profesional.
Con el tiempo, esa búsqueda se transformó en una verdadera pasión, una que luego marcaría distintos proyectos gastronómicos en los que participó y que hoy encuentra su máxima expresión en Prístino.
Prístino: una cocina chilena contemporánea con memoria
Todo ese recorrido cobra sentido en el restaurante que hoy lidera junto a Paula.
Prístino, que en julio cumple su primer año, no busca reinventar la cocina chilena. Busca comprenderla y abrazarla.
Su propuesta toma ingredientes, recetas y preparaciones profundamente arraigadas en nuestra identidad para reinterpretarlas desde una mirada contemporánea, respetando siempre el producto y la historia que existe detrás de él.
Prístino es cálido, predomina la madera, los colores que acogen y un Claudio Úbeda y equipo que se esmera por entregar una gran experiencia. Sorprende la playlist demúsica chilena que va desde 31 minutos, Los Jaivas, boleros y más.
La experiencia comienza con sopaipillas y pan amasado junto a un pebre con un seductor picor – como debe ser – y un pisco sour con miel de ulmo que inmediatamente conecta con recuerdos de infancia, de ese plátano con miel que las abuelas nos hacían en la infancia, y continúa con preparaciones que rescatan distintos rincones y tradiciones de Chile.

Producto chileno como protagonista
Entre las entradas destaca el camarón nylon. Claudio Úbeda confiesa que le encanta la personalidad de este producto y lo presenta en un aplastadito con trufa fresca chilena y eneldo fresco con papas chilotas fritas y en empanaditas fritas con abundante camarón y queso mantecoso de Osorno.
Por otra parte, nos presenta unas croquetas de prieta con manzana, acompañadas por emulsión de ajo negro y tomates confitados, que reflejan perfectamente la filosofía del restaurante: respeto por la tradición, pero sin miedo a explorar nuevas posibilidades.




A ellas se suman los ostiones de Tongoy a la parmesana con una mermelada de pebre y un cebiche de caleta preparado a la antigua, con harto limón y el pescado bien raspado junto a un trozo de tortilla al rescoldo. Un plato fascinante porque – perfectamente – se puede encontrar de formas más rústicas en nuestras caletas y Prístino lo prepara y reconoce, dejando de lado a la típica preparación al estilo peruano.

Cada plato parece tener una misión común: poner en valor ingredientes y preparaciones que forman parte de la memoria gastronómica chilena.
Una merluza que resume toda una filosofía
Uno de los momentos más destacados de la experiencia llega con la merluza austral dorada en su jugo, servida sobre un charquicán de cochayuyo y camarones nylon.
Mar, territorio, tradición y técnica conviven en una preparación que demuestra que la cocina chilena puede ser sofisticada sin perder autenticidad.

Vinos y coctelería con identidad nacional
La propuesta se complementa con una carta de vinos amplia y cuidadosamente seleccionada, donde encontramos etiquetas de distintos valles del país.
Uno de los vinos que más disfrutamos fue el Vino Naranjo de Maturana Wines, cuya frescura y personalidad acompañaron perfectamente los distintos tiempos del menú.
La coctelería también apuesta por rescatar clásicos nacionales como la borgoña, el vaina, el pichuncho y el tradicional pisco sour, reforzando la conexión del restaurante con la identidad chilena.
El sabor de los recuerdos
Los postres mantienen la misma línea narrativa.
La reinterpretación del mote con huesillos y los picarones pasados acompañados de helado de sopaipillas pasadas no solo sorprenden por técnica, sino también por su capacidad de conectar emocionalmente con el comensal. Son golosos, abundantes y con tanto protagonismo como sus platos principales.
Prístino no solo habla de cocina chilena contemporánea. Habla de identidad, territorio y recuerdos. Y eso, en tiempos donde la gastronomía muchas veces busca sorprender antes que emocionar, tiene un valor enorme.


Cómo llegar y dónde reservar en Prístino
📍 Dirección: El coihue 3807, Vitacura, Santiago, Chile (Cuenta con estacionamiento propio).
🕐 Horarios: Martes a Sábado 1.30 hrs a 23.30 hrs.
Domingo de 12:30 a 17:30 Hrs
📞 Reservas: +56 9 98509585/ https://www.pristinorestaurante.cl/#reservations
