Después de más de diez años explorando exclusivamente los sabores del Caribe desde Celele, el chef colombiano inaugura un nuevo proyecto en Medellín que le permite recuperar ingredientes de distintas regiones del país y mirar nuevamente el territorio colombiano como un todo.
Cuando Jaime David Rodríguez abrió Celele en Cartagena, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su cocina: concentrarse exclusivamente en el Caribe colombiano.
Durante más de una década esa apuesta lo llevó a investigar ingredientes, técnicas y comunidades de la región, posicionando al restaurante entre los mejores de América Latina y alcanzando el puesto 48 en The World’s 50 Best Restaurants.
Pero esa misma decisión también significó dejar fuera de su cocina productos que durante años habían formado parte de su universo creativo.

Hoy, con la apertura de Boro, en Medellín, el chef vuelve a recorrer Colombia desde la mesa.
«Antes de Celele cocinaba con ingredientes de todo el país. Después dejamos de usar muchos porque el restaurante era Caribe. Boro me devuelve esa posibilidad», explica Rodríguez.
Un restaurante para redescubrir Colombia
Ubicado en el Hotel Wake, en el sector de Provenza, Boro nace como un bistró contemporáneo donde la geografía deja de ser una frontera culinaria.
Aquí conviven ingredientes provenientes de distintas regiones del país, permitiendo que productos como cubios, chuguas, habas, feijoa o arazá vuelvan a ocupar un lugar en la cocina del chef.
Sin embargo, la propuesta no busca reinterpretar recetas tradicionales.
«No estoy reinterpretando platos tradicionales. Me interesa cocinar con ingredientes colombianos sin que el punto de partida tenga que ser una receta conocida«, señala.
La intención es construir una cocina contemporánea que dialogue con la biodiversidad colombiana sin quedar atada a una región específica.

¿Por qué Medellín?
Aunque durante años recibió invitaciones para abrir restaurantes tanto dentro como fuera de Colombia, Rodríguez nunca encontró un proyecto que realmente conectara con su forma de entender la gastronomía.
Eso cambió cuando conoció el concepto detrás del Hotel Wake.
Más que un restaurante asociado al bienestar desde la restricción, la propuesta apostaba por una cocina basada en procesos propios y materias primas de calidad.
«Hablamos de cocinar con menos productos ultraprocesados, de hacer nuestros propios embutidos, nuestras mermeladas y nuestras granolas. Esa filosofía conectó con la manera en que entiendo la cocina«, explica.

Esa misma mirada también se refleja en los desayunos del restaurante, donde preparaciones elaboradas en casa y productos colombianos poco habituales buscan ampliar la experiencia gastronómica desde las primeras horas del día.
El sabor antes que el discurso
Durante los últimos años, conceptos como biodiversidad, territorio y ancestralidad han acompañado gran parte del trabajo de Jaime David Rodríguez.
Sin embargo, en Boro quiso cambiar el orden de esa conversación.
«No quiero que el relato vaya por delante del plato. Prefiero que alguien pruebe la comida, le guste y después pregunte qué está comiendo«, afirma.
Para el chef, esa filosofía resume la esencia del proyecto.

«El sabor siempre está por encima de cualquier discurso. Uno puede contar una gran historia sobre un ingrediente, pero si el plato no está rico, todo lo demás pierde sentido.»
Un año de expansión
La apertura de Boro llega en un momento especialmente activo para el cocinero colombiano.
En 2026 también inauguró Ahíto, un concepto de cocina más informal en Cartagena que complementa la propuesta gastronómica de Celele.
Mientras Ahíto amplía su presencia en la ciudad donde construyó su prestigio, Boro representa un nuevo desafío: una cocina sin límites geográficos, donde Colombia vuelve a aparecer completa sobre la mesa.
