El bar ubicado en la esquina de Manuel Montt con Francisco Bilbao recibe los meses fríos con cócteles inspirados en Santiago y platos reconfortantes, como pot pie de mechada, porchetta, mousse de champiñones y guiso de berenjenas.
Desde su apertura, Lola Bar ha buscado ser mucho más que un lugar para beber un buen cóctel. Con un estilo cercano, sofisticado y sin excesos, el espacio se ha instalado entre las barras que marcan tendencia en Santiago gracias a una propuesta donde la coctelería y la cocina tienen la misma importancia.

Luego de varios meses de funcionamiento en la esquina de Manuel Montt con Francisco Bilbao, el bar presenta una nueva carta de invierno pensada para acompañar las bajas temperaturas. La propuesta combina cócteles inspirados en la ciudad con platos intensos, sabrosos y reconfortantes.
En Lola, la comida no aparece como un acompañamiento secundario para la copa. Tiene identidad, técnica y personalidad propias. Esa mirada fue impulsada inicialmente por el chef Jorge Soto y hoy continúa desarrollándose a través del talentoso equipo de cocina encabezado por el chef Javier Quiroz , que mantiene el propósito de entregar una experiencia gastronómica completa.
Cócteles inspirados en Santiago
La nueva temporada también profundiza el vínculo de Lola Bar con Santiago. Una muestra es Vigilia de Plomo, un cóctel elaborado con gin infusionado en flor de mariposa, ingrediente que entrega una tonalidad morada y cambia de color según el nivel de acidez de la preparación.
La receta incorpora syrup de melisa, que aporta un componente herbal y local, además de una solución cítrica que equilibra y transforma visualmente el cóctel. El resultado es una propuesta aromática y llamativa, inspirada en los colores, ritmos y contrastes de la capital.

Otro de los protagonistas es Metropolitano, preparado con pisco infusionado en huesillo, bourbon, syrup de ajenjo, tónica y un twist de limón.
Aunque contiene sabores intensos, se presenta como un cóctel fresco y agradable. Su mezcla de pisco, huesillo y notas herbales remite a Santiago y deja una sensación similar a alcanzar la cumbre del cerro San Cristóbal y detenerse a disfrutar la ciudad desde otra perspectiva.
Una carta de invierno pensada como un abrazo
En la cocina, la temporada comienza con un guiso de berenjenas y maracuyá, una preparación que cruza sabores mediterráneos con acidez, especias y una mirada más personal del equipo. La pimienta aporta profundidad, mientras que el maracuyá despierta el plato con un contrapunto inesperado.
La mousse de champiñones apuesta por un juego de texturas, desde sedosa hasta envolvente, acompañada de parmesano y ciboulette. El queso profundiza el carácter terroso de los hongos y las hierbas aportan la frescura necesaria para equilibrar la preparación.
También destaca la porchetta de cerdo servida sobre una cama de mostaza. La acidez y el picor de la salsa ayudan a balancear la grasa del cerdo, permitiendo que el sabor y la textura de la carne sean los verdaderos protagonistas. Por otra parte, la textura del cerdo es sobresaliente.

Pot pie de mechada con sabor chileno
Uno de los platos más invernales de la carta es el pot pie de mechada chilena, una preparación que combina carne cocinada lentamente con una cubierta de hojaldre.
La masa aporta crocancia y contraste frente a la suavidad de la mechada. Las cebollas encurtidas, por su parte, suman acidez y ayudan a limpiar el paladar, equilibrando la intensidad y la grasa del plato.
Es una preparación reconocible y reconfortante, pero presentada desde un lenguaje contemporáneo. Resume bien la propuesta de Lola Bar: sabores cercanos, técnica, atención por las texturas y una cocina pensada para acompañar la experiencia completa.

Los postres que se mantienen como favoritos
La renovación de la carta no deja fuera algunos de los postres más reconocidos del bar. Entre ellos se encuentra el brownie, una alternativa intensa y golosa que ya se ha convertido en un clásico de la casa.
También permanece el crumble de manzana con helado de frutos rojos. La temperatura de la fruta, la textura crocante de la cubierta y la acidez del helado construyen un cierre equilibrado, especialmente apropiado para los días fríos.
Son postres que no necesitan grandes artificios para funcionar y que se mantienen porque el público los ha convertido en verdaderos favoritos.
Un bar donde también se va a comer
La carta de invierno de Lola Bar confirma que su identidad no depende únicamente de lo que ocurre detrás de la barra. La cocina posee el peso suficiente para justificar la visita por sí sola, con platos pensados para compartir, acompañar un cóctel o construir una comida completa.
Esa relación equilibrada entre cocina y coctelería es uno de los atributos que han permitido que Lola se posicione entre los bares más comentados de Santiago.
Con un servicio cercano, una estética cuidada y una propuesta sin rigidez, Lola Bar recibe el invierno con sabores que funcionan como un abrazo: preparaciones cálidas, cócteles con identidad y una cocina que no acepta un papel secundario.
