Jerónimo prepara nuevos platos de la mano de Moma Adrianzen

Desde pulpo al olivo y cangrejo de Juan Fernández hasta jalea acevichada, chaufa con pato confitado y pastas con notas marinas, la nueva etapa de Jerónimo se construye desde el sabor, el producto y la mirada reposada de su creador, chef peruano, Moma Adrianzen.

En Jerónimo, la mesa vuelve a ser un punto de encuentro entre territorios, técnicas y memorias. El restaurante ubicado en CV Galería prepara una nueva etapa gastronómica junto a su creador, el chef peruano Moma Adrianzen, quien llegó desde Lima para compartir semanas de trabajo, exploración y creatividad en torno a una carta que comenzará a mostrar nuevos sabores durante las próximas semanas.

La experiencia parte desde la comida, pero va más allá del plato. Moma llegó a Chile con la intención de observar, probar y entender: descubrir productos locales, leer los gustos del comensal chileno y cruzar esa información con su propia historia culinaria. En ese proceso, el chef encontró una oportunidad para mirar la cocina desde un lugar más libre, sin ansiedades ni apuros, con el disfrute como punto de partida.

Durante el encuentro, uno de los primeros bocados fueron los clásicos conitos de Jerónimo, que habitualmente se rellenan con atún. Esta vez, Moma decidió reinterpretarlos con pulpo al olivo, luego de notar algo que le llamó la atención desde su llegada: el gusto de los chilenos por el pulpo. El resultado fue un bocado equilibrado, sabroso y preciso, donde la intensidad del olivo acompañó sin cubrir la textura del producto.

La ruta siguió con Makis de cangrejo de Juan Fernández, masago y pepino, una preparación fresca que puso en valor uno de los grandes productos del mar chileno. Luego apareció una jalea acevichada que, para el paladar local, podría leerse como una especie de chicharrón de mariscos, pero con una vuelta peruana marcada por una leche de tigre con un rocoto intenso, vibrante y muy bien integrado.

Entre los platos que también podrían comenzar a reflejarse en la carta destacó un ceviche inspirado en los muelle peruano, con diversas texturas de pejerrey, tanto en picadillo sobre puré con ají amarillo y otro tempurizado. Una mirada distinta, más crujiente, más lúdica y muy conectada con la cocina popular del Perú.

El recorrido continuó con gyosas de panceta, jugosas y tiernas, con un sabor profundo pero no invasivo. Luego llegó un chaufa salteado al wok con pato confitado, preparado con la patita deshuesada, que dio como resultado un plato sabroso, de arroz bien marcado y pato tierno. También hubo espacio para un tagliatelle de cangrejo de Juan Fernández, trabajado con bisque de cangrejo, crema y parmesano, además de ostiones con mantequilla clarificada, masago y crema.

El cierre dulce mantuvo el espíritu generoso de la experiencia, con clásicos como la crema volteada y picarones acompañados de sus respectivas salsas. Postres reconocibles, bien ejecutados y sin necesidad de artificios: de esos que cierran la comida desde la memoria y el placer directo.

Pero quizás lo más interesante de esta visita no estuvo solo en los platos, sino en la conversación con Moma Adrianzen. El chef reconoce que vive una etapa más tranquila y reposada de su carrera, una en la que se ha permitido relajarse, disfrutar del camino gastronómico y cocinar desde un lugar menos ansioso. La pandemia, cuenta, fue una tremenda lección personal y profesional: un punto de inflexión que lo llevó a emprender en distintos rubros y a mirar la gastronomía desde otra perspectiva.

Esa distancia, lejos de alejarlo de la cocina, parece haberle devuelto una relación más honesta con ella. Hoy Moma cocina sin pretensiones, sin la urgencia de demostrar algo en cada plato y con una libertad que se siente en la manera en que observa los productos, escucha al equipo y piensa la experiencia del comensal.

Su paso por Chile también habla de esa nueva mirada. Venir a Santiago, pasar semanas descubriendo sabores, tendencias y productos locales, le permite conectar con una escena gastronómica en movimiento y entender cómo sorprender a quienes visitan Jerónimo. No se trata simplemente de traer Lima a Santiago, sino de dialogar con lo que ocurre acá: con el mar chileno, con los hábitos locales, con el servicio y con una cocina del mundo que busca tener identidad propia.

En esta nueva etapa, Jerónimo quiere seguir sorprendiendo desde una propuesta donde los detalles no son al azar. Su cocina se mueve entre influencias, productos y técnicas, pero siempre con una intención clara: ofrecer platos con sabor, un servicio atento y cercano, y una experiencia que invite a volver.

Ubicado en CV Galería, Jerónimo se prepara para incorporar parte de estos nuevos sabores en su carta durante las próximas semanas. Una invitación a descubrir cómo la mirada de Moma Adrianzen, su historia y lectura del producto chileno pueden abrir un nuevo capítulo para esta cocina viajera en Santiago.

Coordenadas

Restaurante: Jerónimo, Cocina del Mundo
Ubicación: CV Galería, Santiago

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