Felipe Aliaga: Un chileno marcando tendencia en Lima con Ciclos Café

Felipe Aliaga, fundador de Ciclos Café en Barranco, Lima, cuenta cómo el café de especialidad pasó de oficio a proyecto de vida y puente entre Perú y Chile.

Todo comenzó con una taza de café que no sabía a lo de siempre. No era amarga, ni oscura, ni plana. Tenía acidez, fruta, chocolate. Y, sobre todo, tenía un relato. Para Felipe Aliaga, ese momento marcó un antes y un después en su vida. “Ese día comenzó mi obsesión por el café de especialidad”, recuerda. Más de doce años después, esa obsesión se transformó en Ciclos Café, uno de los proyectos más influyentes del café de especialidad en Lima, instalado en el corazón creativo de Barranco y que este año lo traerá a Ñam por primera vez de la mano de Promperú.

Felipe es chileno, específicamente de la VI Región. Catador licenciado de cafés especiales CQI, Técnico agropecuario. Especialista en post cosecha de cafés especiales y Gestor de proyectos en El Cacaotal Perú – proyecto asociado al desarrollo y cultivo del cacao que lidera su esposa Amanda Wildey – además de fundador de Ciclos Café.

A Felipe lo conocimos hace dos años en Lima, casi por casualidad, cuando íbamos a visitar a “un chileno que estaba haciendo cosas interesantes con café”. Lo que encontramos fue mucho más que una cafetería, fue un concepto y un protagonista que amaba el grano de café y lo describía con tal pasión que era imposible ignorarlo. En esa oportunidad – con cierta tristeza – reconoció que «nadie era profeta en su tierra», al menos, cuando de café se trataba. Un año después, nos reencontramos y Ciclos Café había sufrido una linda metamorfosis, con un espacio vivo. Adaptado para la conversación e investigación en torno al café. Ciclos café es el reflejo de la curiosidad —como sus legos repartidos por el local— y su profundo respeto por el proceso del café y sus derivados.

Del asombro al propósito

Antes de Ciclos, Felipe bebía café comercial “con una constancia casi religiosa”. Fue una taza de moka de Etiopía, tostada y preparada en el mismo lugar, la que le abrió un universo nuevo. “Que el barista me explicara el origen, el tueste y la preparación me voló la cabeza”, cuenta.

Mientras terminaba su segunda carrera, comenzó a trabajar como barista voluntario. Luego vino un curso que incluía un viaje a la selva central de Perú. Once días bastaron para tomar una decisión radical: dejar Chile y aventurarse a lo desconocido. “Decidí no hacer la práctica y venirme a Perú sin plan. Quería aprender a tostar, entender la cadena completa”.

Esa base —técnico agropecuario y comercio exterior— lo llevó directo al origen: campos de café en Quillabamba, Cusco, desarrollando planes agronómicos y de postcosecha junto a más de 116 productores. “Ahí entendí el potencial del café, pero también la responsabilidad que tenemos quienes estamos en la cadena”.

Perú, el origen como escuela

Más allá de que Perú sea país productor, lo que Felipe encontró fue algo más profundo: cercanía real con el origen. “Aquí puedes subirte a un bus y estar en horas en una finca. Pasas de leer una etiqueta a vivir la cosecha”, dice. Pero advierte: no se trata de turismo simbólico. “La idea es volverte un alivio para el productor, entender sus necesidades y transformarte en un aliado estratégico”.

Ese vínculo cambió su manera de trabajar y también su visión del café. “Aprendí que la competencia no existe cuando el objetivo es elevar la categoría. A todos nos conviene que existan mejores cafés, más sanos y más sabrosos”.

Ciclos Café: un espacio para conversar

Barranco no fue una elección de marketing. Fue una necesidad creativa. “Necesitábamos un lugar donde el tiempo corriera distinto. Un café de especialidad no se apura”, explica. Ciclos Café dialoga con el barrio desde la coherencia: calidad total en cada taza y una búsqueda constante de excelencia.

No quisieron ser “la cafetería de moda”, sino un espacio de resistencia. Un lugar donde el público creativo —artistas, diseñadores, curiosos y muchos turistas— encuentra autenticidad. “Es un intercambio de energías: ellos nos traen ideas y nosotros les damos combustible con una historia detrás”.

Controlar el ciclo, aceptar la incertidumbre

Para Felipe, controlar el ciclo no significa dominarlo todo. Al contrario. “Con los años entendí que hay demasiadas variables que cambian los resultados. Y eso le da una belleza artística a nuestro trabajo”, reflexiona.

Como tostador, siente la responsabilidad de representar el trabajo del productor. Como barista, la de materializarlo en una taza. “Para que una taza llegue a tus manos pasan miles de horas de procesos bioquímicos. Es hermoso”.

Chile, el café y lo que falta

Desde fuera, ve una escena chilena diversa, pero fragmentada: cafeterías estéticas, otras ideológicas, otras técnicas. Todas válidas, pero con una deuda común. “Muchas olvidan lo básico: cafés trazables, sin defectos y respetados en toda la cadena. Eso es lo mínimo para llamarse café de especialidad”.

Aún persisten mitos: que el café es malo para la salud, que la acidez es negativa, que hay que tomarlo con azúcar. “Si consumes café de calidad, los beneficios son espectaculares. Todos podemos aportar compartiendo información”.

Volver a través del café

Su participación en Ñam 2026 es un regreso simbólico potente. “Amo Ñam desde siempre. Volver a casa llevando un pedacito de Perú es un sueño”, confiesa. Chile, cree, está preparado. “Hay una efervescencia gastronómica real y un público que busca sentido y trazabilidad”.

Hoy ve su regreso a Chile como un paso lógico. “Mi carrera se gestó en Perú. Es lógico que el reconocimiento haya sido acá”, dice. Irse le dio la perspectiva que no sabía que necesitaba. “Salí a querer cambiar el mundo y entendí que no todos buscan lo mismo. Eso me hizo crecer, a porrazos”.

Hoy Felipe está en un ciclo de consolidación y expansión. Ciclos Café tiene identidad clara en Perú. El crecimiento ha sido orgánico, sin publicidad forzada. “Ese dinero lo invertimos en pagar mejor el café, capacitar al equipo y viajar a origen”.

Si el café fue lo que lo llevó a Perú, es también lo que hoy lo trae de vuelta. No como cierre, sino como un nuevo comienzo. Porque, como su nombre lo dice, todo es un ciclo.

Descubre más desde FOODIECL.COM

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo