La cocina chilena fue la gran protagonista de una nueva edición de EFIMERO Cocina: Cenas Clandestinas, experiencia gastronómica realizada en Casa Nevería donde se vivió una noche única con propuesta cargada de memoria, identidad y reinterpretaciones contemporáneas de clásicos nacionales.
La velada —centrada en producto local, técnica y relato— tomó preparaciones profundamente reconocibles dentro de la gastronomía chilena para transformarlas en una experiencia de cocina de autor donde cada plato buscaba conectar con emociones, recuerdos y territorio.
Cocina chilena contemporánea desde el relato personal
En esta oportunidad, los chefs invitados fueron Javier Gaete, chef ejecutivo de Magda Bistro, y Edgar Fernández , del Best Western Premier Marina Las Condes, quienes desarrollaron un menú degustación inspirado en sabores tradicionales chilenos reinterpretados desde una mirada contemporánea.
Pero más allá de la técnica, uno de los elementos más interesantes de la experiencia estuvo en los guiños personales presentes en cada tiempo.
Muchos de los platos nacían desde recuerdos familiares y momentos ligados a la infancia o a figuras importantes dentro de la vida de los chefs.
Una reinterpretación de la cocina chilena
El menú recorrió distintas preparaciones que dialogaban directamente con el imaginario gastronómico chileno:
✨ Almejas en Salsa Verde
✨ Huevo a la Ostra
✨ Sopaipilla rellena de pebre cremoso
✨ Pulmay Frío con Milcao
✨ reinterpretación de Porotos con Rienda
✨ Once Chilena
Además de petit fours inspirados en clásicos nacionales como cuchuflí, dulce de moras (con un dulce de moras hecho por la madre de Javier Gaete) palmeritas rellenas con chutney de cochayuyo.
Dentro de la experiencia, la reinterpretación de los porotos con rienda fue probablemente uno de los ejemplos más claros de cómo la cocina chilena contemporánea puede evolucionar sin perder identidad: técnica precisa, profundidad de sabor y producto nacional trabajado desde una mirada más sofisticada.
Porque justamente esa fue una de las grandes conclusiones de la noche: comprobar cómo los ingredientes y recetas tradicionales chilenas sí pueden aspirar a un siguiente nivel gastronómico cuando existe relato, técnica y sensibilidad detrás.
Una cena construida desde la memoria
La experiencia destacó también por la correcta ejecución de los tiempos y por una sensación constante de calidez y cercanía.
Cada preparación parecía estar pensada no solo desde el sabor, sino también desde la memoria afectiva que genera la cocina chilena.
Eso volvió a aparecer con fuerza en el postre “Once Chilena”, una preparación inspirada en ese momento tan cotidiano y reconocible de la infancia chilena: tomar té en taza durante la tarde.
A través de infusiones y una salsa trabajada desde el té, el plato lograba trasladar esa sensación cálida y hogareña al formato gastronómico, cerrando la experiencia desde la nostalgia y el confort.
Vinos y productos con identidad local
La experiencia fue acompañada por vinos de Bestias Wines, incluyendo etiquetas como Chardonnay “El Abrazo”, Carignan e Ícono, seleccionadas especialmente para cada tiempo del menú.
Asimismo, Carnes Bilbao participó aportando distintos productos utilizados durante la velada, entre ellos solomillo de cerdo, pernil, malaya, truto de pollo, huesos de vacuno y longaniza.
La nueva cocina chilena también pasa por las emociones
Más allá del formato clandestino o del menú degustación, EFIMERO Cocina volvió a demostrar algo importante: hoy la cocina chilena contemporánea no solo busca reinterpretar recetas tradicionales, sino también conectar emocionalmente con quienes se sientan a la mesa.
Y probablemente ahí está el verdadero valor de este tipo de experiencias: entender que detrás de cada plato también puede existir una historia, un recuerdo o una parte de nuestra identidad cultural.











