La fundadora de El Buen Beber y creadora de la feria Meet & Drink reflexiona sobre el crecimiento de las experiencias urbanas en torno al vino, el rol de las viñas boutique y la importancia de generar espacios donde los productores puedan conectar directamente con el consumidor.
Por: María Jesús Bujanda
En Chile, el vino suele asociarse al campo, a los valles y largas visitas a viñedos. Sin embargo, en los últimos años también ha comenzado a instalarse el enoturismo en la ciudad, a través de experiencias más cercanas, urbanas y directas con el consumidor. En ese escenario aparece Meet & Drink, la feria creada por Lucía Aguayo, fundadora de El Buen Beber, quien ha logrado construir una comunidad activa en torno al vino, la coctelería y las experiencias de consumo consciente.
Su historia con el vino comenzó temprano. A los 18 años, Lucía empezó a probar distintas variedades y a desarrollar una curiosidad que, con el tiempo, se transformaría en oficio, comunidad y emprendimiento. Esa inquietud inicial la acompañó también durante su etapa trabajando en cruceros, donde se acercó a nuevas culturas de servicio, bebidas y hospitalidad.
Más tarde, ese camino tomó forma en El Buen Beber, un proyecto que comenzó a crecer con especial fuerza durante la pandemia. En un momento en que las experiencias presenciales estaban suspendidas y la vida social se había trasladado al interior de las casas, Lucía empezó a reunir a personas interesadas en aprender sobre vinos y coctelería a través de clases y encuentros online.

Esa comunidad, que nació entre pantallas, copas servidas en casa y ganas de seguir aprendiendo, es hoy parte fundamental de lo que ocurre en Meet & Drink. Porque la feria no solo convoca a amantes del vino: también reúne a quienes buscan descubrir nuevas etiquetas, conversar con productores y acceder a proyectos más pequeños que muchas veces no tienen tanta vitrina en el retail tradicional.
Uno de los sellos de Meet & Drink es precisamente ese contacto directo. «No se trata de un promotor contando una historia aprendida, ni de una marca representada por alguien ajeno al proyecto. En gran parte de los casos, son los propios viñateros quienes están detrás de la mesa, sirviendo sus vinos, explicando sus procesos y compartiendo la mirada que hay detrás de cada botella», nos cuenta Aguayo.
Ese detalle cambia la experiencia. Comprar un vino después de haber conversado con quien lo produce tiene otro valor. Permite entender el origen, la escala, la intención y también las dificultades que enfrentan muchas viñas boutique para llegar al consumidor final.

En un mercado donde cada vez existen más ferias, encuentros y degustaciones, Lucía también observa un cambio importante en la industria. Las viñas, especialmente las más pequeñas, «ya no solo buscan espacios de visibilidad: necesitan instancias donde puedan vender, fidelizar y generar comunidad», enfatiza.
Por eso, para ella, el modelo de feria gratuita o centrada únicamente en la venta por copa empieza a mostrar ciertos límites. Si los productores invierten tiempo, equipo, traslado y botellas, pero no logran concretar ventas relevantes ni construir una relación real con los asistentes, la experiencia puede volverse poco sostenible y desmotivante para la industria.
Desde esa mirada, Meet & Drink propone un formato más equilibrado: una feria pagada, con degustaciones, venta directa y un aforo que permite recorrer con calma. Habitualmente convoca a cerca de 500 personas, en un espacio cómodo y seguro, donde el público puede conversar, probar y comprar directamente a los viñateros.
La experiencia también se ha convertido en una vitrina para encontrar “joyitas”: vinos de autor, proyectos familiares, etiquetas de baja producción y propuestas que muchas veces sorprenden incluso a quienes ya están acostumbrados a recorrer ferias y tiendas especializadas.
En ese recorrido, Lucía Aguayo también destaca por otro motivo: es una de las pocas mujeres que se ha atrevido a organizar eventos masivos en torno al vino en Chile. Desde una mirada emprendedora, ha logrado instalar una feria que crece sin perder cercanía, combinando educación, entretención y comercio directo.
Su apuesta no busca reemplazar la experiencia de visitar una viña, sino ampliarla. Llevar parte del enoturismo al corazón de Santiago, acercar a los productores a nuevos públicos y demostrar que el vino también puede vivirse en espacios urbanos, con menos solemnidad y más conversación.
En tiempos en que el consumidor busca experiencias más auténticas, Meet & Drink aparece como una respuesta a esa necesidad: beber mejor, conocer más y entender que detrás de cada copa hay una historia, una persona y una decisión productiva.
Porque si algo deja clara la mirada de Lucía Aguayo es que el futuro de las ferias de vino no está solo en llenar una sala, sino en crear encuentros que tengan sentido para todos: para quienes asisten, para quienes producen y para una industria que necesita nuevas formas de conectar con sus públicos.
